26 de junio

 

Para que nunca te mueras tu nombre suena en muchas bocas.

Se levantan banderas. Y puños. Y voces…

Es tu muerte que se rebela.

Para que nunca te mueras.

 

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al mal tiempo, mala cara

 

 

Con la música nos hacemos visibles,

vamos cantando los derechos negados,

 bailando otro mundo posible…

 

Y Si no suena el bombo… igual el mate sigue pasando

A veces en barullo, a veces en silencio.

Pero de mano en mano, y de cara a cara.

 

Juntándonos. Creando juntos un espacio distinto, real, a partir de no tener un espacio verdadero en la realidad.

 

Se puede imaginar lo que no existe.

Y sí, se lo puede crear partiendo de lo que hay. Hacer el sueño tangible.

 

No hay soluciones mágicas

Hay transformaciones cotidianas, chiquitas, que nos mantienen el sueño despierto

 

Día a día hay revolución,

nuevas formas de relacionarnos,

de ver y vernos, de pensar y pensarnos.

 

Y si hay desaliento ya vendrán tiempos mejores,

pero nacidos del inconformismo y la imaginación, de la impaciencia.

 

La lucha misma es esperanza.  

 

Crítica, construcción, liberación.

 

La esperanza sin lucha es sólo espera. 

 

 Al mal tiempo mala cara y a la injusticia, rebelión.

 

 

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2008, con resonancia de palabras que, dichas en la lucha, son de todos.

 

Va a estallar.

 

“(…) te mataré los pedacitos.
te mataré uno con paco.
otro lo mato con rodolfo.
con haroldo te mato un pedacito más.
te mataré con mi hijo en la mano.
voy a venir con diana y te mataré.
voy a venir con jote y te mataré.
te voy a matar, derrota.
nunca me faltará un rostro amado para
matarte otra vez (…)”

Gelman, en Notas

 

 

 

Tomar aire

Unir las fuerzas en otros ojos

En un abrazo.

Treparse el bombo al cuerpo,

Para golpear fuerte.

 

Porque hay ruidos muy otros a los que nos quieren acostumbrar

Ruidos muy otros para que el bombo no haga temblar realidades.

 

Pero nosotros sabemos que esos ruidos no dejan dormir tranquilos.

No dejan andar tranquilos.

 

Golpear fuerte

Para que con el bombo estallen los ruidos otros,

Las panzas vacías

Los tiros de la policía

La gotera trasnochada

El silencio transeúnte

La esquiva mirada

 

Va a estallar

El silencio de siglos.

La bronca acumulada.

 

Va a imponerse con ritmo propio

Esta resistencia

Esta creación

Este inventarnos la dignidad que nos es negada

 

Va a estallar el bombo

Las realidades quietas

Abrumadoras

Fijas

Estructurantes

Desgarradoras de los cuerpos

De los pensamientos

De este sentir que se hace carne,

adolorido,

y si se queda quieto se corrompe.

 

 

Va a bailar con ritmo propio,

Este ruido de mundos nuevos.

 

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Llueve

Las gotas golpean el suelo. La tierra se traga el agua. Hasta que no da más, y con la boca abierta al cielo forma charcos.

Se hunden los pies en el barro, y la tierra y el cuerpo se entremezclan, reconociéndose.

Llueve. Y escribo. La lluvia cae. Las letras también. Las unas sobre la tierra, y le cambian el color y el olor. Las otras sobre el papel, aunque no sé si cambiarán algo.

Pienso en el barrio. Nunca mío y tan nuestro en algún sentido..

Pienso en ellos, y si la lluvia aguachentará las sonrisas, como hace con la tierra..

 

 

 

 

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Taller de escritura. Algún sábado de mañana, Villa París –Longchamps- 2008.

 

Un mate con más azúcar que yerba va pasando de mano en mano, endulzando paladares, apaciguando panzas más despiertas que nuestros ojos, calentando los cuerpos. El mate como ritual de unión. Después de los saludos, la pregunta obligada: ¿trajiste el mate? Y se autodesigna un cebador. Y a la par salen a relucir algunas lapiceras, unos cuadernos viejos, hojas sueltas, a veces los útiles de la escuela, el cuaderno de alguna materia, que los sábados se transforman en cuadernos de cuentos, poesías, historias  a veces reales, a veces ficcionadas, siempre nacidas de las propias manos, de la tierra que pisamos.

La historia colectiva se dibuja, se borra, se tacha, se vuelve a escribir: se construye.

La historia propia se pone en juego mil veces en palabras muy distintas, aún en los cuentos de ficción, que nada, pareciera, tienen que ver con la realidad. O será que la cuestionan, y la ponen en evidencia.

Historias  de lluvia, de amor, de trabajo que falta, de chicos que juegan, chicos que trabajan, de potreros, de sueños, de droga ,  de vecinos, de derechos que hacen falta.

Historias de chicos que miran la realidad.. y abren signos de preguntas.

 

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“Cuando yo me vine, todo esto era campo”

Villa parís -Longchamps- 26-5-07

 

 

Ya empezaba a irse la luz. Adelante, cuatro cuadras. Calle de tierra, casas bajas. Al llegar sería casi de noche. No por ir a paso lento, sino porque en invierno la noche se cae más rápido sobre los cuerpos.

El frío golpea la cara. Me acuerdo ahora de Sofi, sin medias.. El frío te golpea todo. Y la inocencia.

Todavía tenemos un poco de luz cuando llegamos a la primer casa. La idea, propuesta por Sofía, es hablar con “la viejita de la esquina”, ella debe saber algo sobre la fábrica..

Llamamos. Nada. Esperamos. Volvemos a llamar. Nada. Nos estamos por ir y la vieja abre la puerta, se acerca hasta la reja, nos mira interrogando. Gise explica quiénes somos, que queremos saber sobre la fábrica de Alsina, la fábrica abandonada. Pero la vieja escucha poco, grita que hablemos fuerte. Le volvemos a contar, pero dice que volvamos en otro momento, cuando esté.. (no me acuerdo qué nombre dijo). Pobre la vieja, oscurece, hace frío, le agradecemos y se vuelve a entrar.

-“preguntemos en otra casa” –decidimos, y elegimos al azar:

 Contamos quiénes somos. Y Elba escucha con paciencia, y sus palabras se van intercalando entre nuestras preguntas:

“Yo estoy hace 42 años y (la fábrica) ya estaba”. Elba se vino a vivir al barrio a los 20, cuando se casó. “cuando yo me vine, todo esto era campo” dice, y señala con la mirada un barrio que según nos cuenta, empezó a poblarse hace 10 o 15 años. Un barrio joven. Y pobre. O lo que es lo mismo, olvidado.

Nos dice que ya quedan pocos vecinos de aquellas épocas, que son casi todos nuevos y nos señala con la mano las casas donde viven todavía algunos de los primeros del barrio.

En este tiempo, la fábrica que hoy no funciona, fue usada por distintas empresas. Algunos dicen que fabricaba discos, otros imanes.. Elba se encarga de despejar dudas y contar la historia:

“hace 42 años, ya no fabricaban más discos. Después vino Molino Río de la Plata, que fabricaba alimento balanceado y después.. una metalúrgica, que hacía imanes..” Pero la fábrica quebró. Hace 5 o 6 años que ya no produce nada, más que miedo, tristeza, y la evidencia de las cosas podrían ser de otra manera.. pero no lo son.

 

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volvemos a casa

 Creo que fue otoño. Villa parís, Longchamps 2006.

 

 

Volvemos a casa. El día ya se fue haciendo de noche, la música que las manos hacen brotar de los instrumentos ya se convirtió en el ruido que hacen al golpear por accidente el suelo, o en algún golpeteo o repique rebelde, que suena cortando el frío del barrio mientras caminamos…

A veces los cuerpos se van perdiendo, atravesando la neblina. O será que nos envuelve.. A veces no se ve quién viene hasta tenerlo bien enfrente. Acá la niebla y el olvido se tragan los cuerpos.

Esta vez no hay tanta niebla, tampoco tantas estrellas como esa vez que buscábamos la Cruz del Sur entre montones de constelaciones que nadie sabe dibujar. La encontramos, aunque igual no nos iba a guiar.. tenemos nuestro Sur, alegre y dolorido, guiándonos el presente, y claro, también tenemos nuestra Cruz, el peso del olvido.

 Ellos se sueltan y hablan de ellos. Abigaíl me cuenta de seres extraños, que te embrujan  si te das vuelta cuando te chiflan,  de hombres de cara verde que asustan, de seres bajo la cama y sobre el techo. Historias que le contaron sobre personajes mágicos que habitan  lugares que no conoció.. “es que mi abuela esta en Misiones, mi mamá hace quince años que no la ve..” y como si hiciese falta, aventura: “es que hay que tener mucha plata para ir a Misiones..”

Seguimos esquivando los charcos. El barro no, si esquivamos el barro pisamos el charco. Ariel va charlando con Mariela, ella también suelta las palabras mientras suelta los pasos. Cuenta que tiene diez hermanos, que a la más grande no la conoce y que antes no era ella la más chiquita, tenía otra hermanita, pero falleció el año pasado… Yo no escuché y Ari no contó y no sé si se animó.. a preguntar de qué. De olvido. Yo creo que de olvido… y todo lo que se va o viene con él. Hambre, enfermedad, tristeza… injusticia. Sí, se murió de injusticia.

Las palabras van brotando de a poco. Y la confianza. Aunque el camino se nos va acortando a medida que la confianza nos libera las palabras y los oídos. La vía se va acercando.. aunque no recuerdo si la vemos en la oscuridad.. quizá sólo la advertimos porque sabemos que está. Sí se que no ignoramos su presencia cuando pasa el tren: la oscuridad, la calle de tierra que nos sostiene, la niebla, y atrás, allá, los cuadrados de luz amarilla, las ventanas que iluminan el final de la calle. Una imagen que da color a la noche y la enciende en algún sentido un poco mágico.. Desde el asfalto no se ve.

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